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Echar un ojo

Coleccionar arte original: entrevista a Romain Baudry (Francia)

25. Jun / 2026

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En esta nueva entrega de nuestra serie de entrevistas a los clientes de The Green Room, conversamos con Romain Baudry. A lo largo de esta charla con el  coleccionista francés, emerge una fascinación constante por los artistas, sus obras y los procesos creativos que hay detrás de cada página, dando lugar a una reflexión honesta sobre lo que significa para él coleccionar originales de cómic: una relación personal con el arte y quienes lo crean.

Romain se acerca a su colección desde una sensibilidad particular, donde la emoción, la curiosidad y el respeto por los artistas ocupan un lugar central. El resultado es una visión íntima del coleccionismo que invita a repensar qué significa realmente «poseer» una obra de arte.


¿Cómo empezaste a coleccionar arte?

Durante mi adolescencia era un apasionado lector de cómics, aunque por aquel entonces no sentía un interés especial por el coleccionismo ni por el arte original. Por aquella época, Internet aún era más una curiosidad que una herramienta de uso cotidiano.

Vivía en París, donde las oportunidades surgían por todas partes. Casi por casualidad terminé comprando una splash page de Ian Churchill perteneciente a The Coven (Image Comics). A día de hoy sigo conservándola.

Después, la vida siguió su curso y durante muchos años no conté ni con el tiempo ni de la estabilidad económica necesarios para dedicarme al coleccionismo. No ha sido hasta los dos últimos años cuando he retomado esta afición en serio.

 

¿Hubo algún artista, historia o momento concreto que despertara tu interés por el arte original de cómic?

Hubo cuatro momentos fundamentales para mí.

Mi despertar al arte

Durante mi adolescencia, en los años ochenta, descubrí la colaboración entre Bill Sienkiewicz y Frank Miller en Elektra: Assassin (1986) y fue una auténtica revelación. Comprendí de inmediato que aquello iba mucho más allá de los límites tradicionales del cómic.

A día de hoy sigo considerándolo uno de los cómics más importantes de aquella década porque me hizo entender que, cuando un artista no se limita al lápiz y la tinta, sino que incorpora pintura, collage y técnicas mixtas, el cómic se convierte en una auténtica forma de arte. Aquella obra despertó en mí un profundo interés por el arte.

El descubrimiento del cómic independiente

Otra influencia fundamental fue Bernie Wrightson. Para mí sigue siendo uno de los grandes maestros de lo macabro y un artista con un dominio extraordinario de la tinta. Es habitual que los entintadores pasen desapercibidos dentro del proceso creativo del cómic, algo que siempre me ha parecido profundamente injusto.

Wrightson ilustró algunas de las historias más inquietantes que he leído jamás. Siempre recomiendo Jenifer, una historia corta que considero imprescindible.

Su trabajo para la revista Creepy me abrió las puertas al cómic independiente. Y aquí el contexto es importante: hablamos de mediados de los años ochenta, una época casi prehistórica en cuanto al acceso a la información. Fuera de Estados Unidos era extremadamente difícil encontrar algo que no fueran los títulos más comerciales.

La emoción en el cómic

El número 198 de Uncanny X-Men — el regreso de Ororo a África, ilustrado por Barry Windsor-Smith — fue otro momento decisivo, tanto a nivel emocional como artístico. Es el tipo de cómic que uno lee una y otra vez.

Una auténtica obra maestra.

El primer cómic americano que tuve entre mis manos

Mi primer comic estadounidense fue Daredevil #281, de John Romita Jr.. Me lo envió un amigo por correo un amigo desde Nueva York durante los años ochenta. Todavía recuerdo la emoción de abrir aquel paquete.

 

¿Hay alguna pieza de tu colección a la que tengas un cariño especial?

La verdad es que todas las piezas de mi colección son especiales para mí.

Cuando posees una parte del trabajo de un artista, sientes cierta responsabilidad hacia él. Todas mis obras están cuidadosamente enmarcadas y expuestas en las mejores condiciones posibles. Cada vez que compro una pieza original, incluyo automáticamente el coste del enmarcado como parte de la inversión. Para mí, un marco no es un accesorio; forma parte de la conservación de la obra. Es una muestra de respeto hacia el trabajo del artista.

Cuido mi colección con mucho esmero. No especulo con estas obras. Es una pasión que me acompañará toda la vida.

Si tuviera que poner ejemplos concretos, dos adquisiciones recientes reflejan perfectamente esta manera de entender el coleccionismo.

Hasta hace poco coleccionaba casi exclusivamente arte original de cómic, ya sea por pasión o porque sigue siendo un ámbito donde todavía es posible adquirir obras originales a precios relativamente accesibles.

Sin embargo, hace unos meses, tuve la oportunidad de dar un paso más en mi colección con una pieza de Philippe Druillet, una de las grandes figuras del cómic europeo. Poseer una pieza así supone un auténtico hito para cualquier coleccionista y, en cierto modo, incluso un hito personal. Me siento enormemente orgulloso de ella.

Otro ejemplo es una página de Stuart Immonen perteneciente a Superman: Secret Identity. Me fascinó tanto aquella historia que sentí la necesidad de tener una página original. Lo curioso es que el día que la compré, lo último en lo que haba pesandotela era en adquirir una pieza. Simplemente quise dar un paseo. Y, de repente, me escuché decir: «Me la llevo». Mi reacción inmediata fue pensar: «¿Qué acabo de  decir?».

Esos momentos forman parte de lo que hace tan especial el coleccionismo: la conexión emocional con una obra, la inesperada oportunidad de adquirirla y, finalmente, la historia que termina acompañándola para siempre.

 

¿Qué papel desempeñan las galerías a la hora de construir tu colección?

Más allá de las compras realizadas directamente a los artistas, las galerías desempeñan un papel esencial.

En primer lugar, aportan documentación: facturas, certificados de autenticidad y trazabilidad. Todo eso tiene una enorme importancia. Una galería aporta legitimidad y seguridad a la compra.

En el caso de The Green Room, si no recuerdo mal, mi primera adquisición fue en 2023. No solo fue mi primera compra de arte después de muchos años, sino también mi primera experiencia adquiriendo arte original de manera online y a través de una galería ubicada en otro país.

Al principio tenía mis dudas, como cualquiera. Me preguntaba si la obra sería realmente original, si el proceso de pago sería seguro o si el envío llegaría en buenas condiciones. En aquel entonces, comprar arte original por internet todavía no me parecía algo completamente natural. La idea de adquirir una obra de este tipo con apenas unos «clics» me resultaba extraña.

Sin entrar en demasiados detalles, puedo decir que comprar en The Green Room siempre ha sido una experiencia excelente. Lo que más valoro es que nunca da la sensación de ser un proyecto impulsado únicamente por criterios comerciales. Se percibe una auténtica pasión detrás de todo lo que se hace.

La selección de artistas es extraordinaria y, como coleccionista, tengo la sensación de que existe una relación muy especial entre Icíar, los artistas y quienes adquirimos sus obras.

 

Cuando descubres una nueva pieza, ¿qué es lo primero que suele llamar tu atención?

Normalmente, lo primero que me llama la atención es el artista.

Si realmente admiro el trabajo de un dibujante, quiero tener una página original suya. Necesito sentir una conexión auténtica con la obra.

Esa conexión suele surgir de dos maneras. La más habitual es a través de artistas a los que llevo siguiendo durante años. La otra nace de historias concretas que me hayan impactado profundamente, como ocurrió con Stuart Immonen.

En cuanto a las obras en sí, intento construir una colección que refleje una amplia variedad de técnicas y enfoques artísticos.

Empecé con una splash page, después, me interesé por las páginas realizadas únicamente a lápiz y más tarde por aquellas que todavía conservaban los diálogos. Me entristece que hoy en día los textos se incorporen tan a menudo de forma digital.

Con el tiempo empecé a buscar atmósferas muy diferentes entre sí: páginas oscuras y contrastadas, otras con un trazo delicado y elegante, y más adelante obras completamente coloreadas.

En The Green Room adquirí dos piezas extraordinarias de Gabriel H. Walta: una página de Phantom Road con unos negros muy profundos y otra acuarela de X-Men.

Mi próximo objetivo probablemente sea una doble página o quizá una secuencia completa de dos páginas dentro de un mismo número, algo que funcione casi como una pequeña historia escondida dentro de la principal.

 

¿Crees que tus gustos han cambiado con el tiempo?

Es una pregunta difícil. Tengo sentimientos encontrados.

Sigo profundamente vinculado a muchos de los artistas que admiraba cuando era joven: Bill Sienkiewicz, Frank Miller, Todd McFarlane, Brett Booth, John Byrne, John Romita Jr., Bernie Wrightson, Bob Layton, Arthur Adams o Barry Windsor-Smith, entre otros muchos.

Al mismo tiempo, hay otros autores —que prefiero no mencionar— cuyo trabajo admiraba en aquella época y que hoy contemplo con una mirada mucho más crítica.

Y también ocurre lo contrario.

Por ejemplo, al principio apreciaba el trabajo del Sr. Walta de forma bastante moderada. Sin embargo, hoy poseo dos obras originales suyas y, si pudiera, probablemente compraría toda su producción.

El punto de inflexión llegó cuando publicó en Instagram una comisión de Silver Surfer. En mi opinión, era una de las representaciones más impresionantes del personaje que había visto jamás.

 

¿Cuál es tu obra favorita de nuestra galería?

Hay muchas.

Por ejemplo, las recientes acuarelas de Gabriel H. Walta me parecen absolutamente extraordinarias.

Uno de los grandes puntos fuertes de The Green Room es su capacidad para ofrecer obras de gran calidad creadas por artistas de enorme talento y pertenecientes a series tan reconocidas como W0rldtr33, The Nice House on the Lake o X-Men, manteniendo al mismo tiempo precios relativamente accesibles.

Antes hablaba de la pasión como uno de los rasgos que definen la galería, y sinceramente, creo que la política de precios de The Green Room refleja esa misma filosofía.

También me gustan mucho las piezas en formato A4 del Sr. Lafuente y, por supuesto, la monoprint de The Nice House on the Lake realizada por el Sr. Martínez Bueno. Una de esas obras se encuentra expuesta en el salón de mi casa.

 

¿Qué consejo darías a alguien que está empezando a coleccionar arte?

Creo que la primera y más importante pregunta que uno debe hacerse es: «¿Por qué quiero coleccionar arte?».

En mi caso, lo que más me atrae es la idea de poseer algo verdaderamente único: Me encanta colocar un cómic publicado junto a su página original y descubrir detalles que quedan fuera del resultado impreso. Es como acceder a una escena eliminada de una película, o contemplar parte del proceso creativo que muy pocas personas tienen la oportunidad de ver. Esa conexión tiene un enorme valor para mí.

También disfruto compartiendo mi colección con amigos, acercándoles al mundo del cómic e incluso proponiendo obras para exposiciones. Si esa es la motivación que te mueve, incluso una pieza asequible puede proporcionarte una enorme satisfacción.

Ahora bien, si aspiras a adquirir obras mucho más costosas y difíciles de asumir económicamente, creo que merece la pena preguntarse cuáles son las verdaderas razones detrás de ese deseo.

¿Es la pasión? ¿Reconocimiento social? ¿Prestigio? En la mayoría de los casos, probablemente sea una combinación de las tres. Sin embargo, cuando la vanidad adquiere demasiado peso en la ecuación, aunque solo sea un poco más de la cuenta, termina generando una gran sensación de vacío en lugar de satisfacción.

Personalmente, también intento evitar las ediciones para coleccionistas, las portadas alternativas, el merchandising y productos similares. Para mí, nada puede compararse con la experiencia de poseer una obra original única e irrepetible. Las ediciones limitadas y los objetos de colección tienen muy poco valor frente al arte original.

Por último, diría que comprar arte original es una de las mejores maneras de apoyar directamente a los artistas. Y apoyar a los artistas significa ayudarles a seguir creando las historias y los libros que nos hacen soñar.

Los sueños son un bien precioso. Quizá hoy más que nunca.